((PRRP)) UN PROJECT-ROOM ARTÍSTICO DONDE ENCONTRARÁS CAMINOS PARA TU INSPIRACIÓN Y TU TRANSFORMACIÓN PERSONAL.
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La Espiral de La Creatividad es un Proyecto que se dirige a que el Creador sea el Origen y el Motor en las variadas Dimensiones de la Actividad Artística. Encontrará Obras de Pintura, Escultura, Fotografía, Vídeo e Instalación creadas a partir de una Hoja de Ruta Inicial para recorrer el Campo de la Creatividad en el terreno Bi- y Tridimensional.

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PANORAMA GLOBAL DE LA CREACIÓN A PARTIR DE 5 COLORES

El Organigrama diseñado en www.webtoria.eu   ( Antigua web 2000-2007), tiene el objetivo de relacionar la Combinación de Colores con en...

Mi obra como un laboratorio de imagen

Mi obra como un laboratorio de imagen

Pintura, dibujo y escultura expandida como un mismo espacio de investigación.

Hay un momento en el que dejar de mirar la obra como piezas sueltas y empezar a verla como un conjunto cambia por completo la forma de entenderla.

En mi caso, ese conjunto se parece más a un laboratorio que a una colección cerrada. No trabajo para repetir una fórmula, sino para ir comprobando qué ocurre cuando una imagen se descompone, se tensa, se borra o vuelve a aparecer bajo otra forma. La pintura, el dibujo y la escultura expandida me sirven para eso: para pensar con materia, con línea, con huecos y con presencias.

Lo que me interesa no es solo el resultado final, sino el proceso que lo hace posible. La imagen, para mí, no termina en lo visible. Empieza ahí.

Threshold of Creation
Una escena de estudio que convierte la práctica artística en un espacio de pensamiento y contemplación.

El rostro: una forma de pensar la presencia

Hay un motivo que vuelve una y otra vez en mi trabajo: el rostro.

No me interesa como retrato en sentido tradicional, ni como una imagen que quiera fijar una identidad cerrada. Me interesa más como superficie de tensión. Un rostro puede contener memoria, herida, silencio, extrañeza, gesto, duda. Puede ser muchas cosas a la vez.

Por eso, en mis figuras aparecen deformaciones, vacíos, desajustes, capas que ocultan y revelan al mismo tiempo. No busco corregir esas alteraciones. Me interesa precisamente esa zona en la que la imagen deja de ser estable y empieza a decir algo más profundo.

El rostro, en mi obra, no explica: interroga.

Compressed Identity
Un rostro comprimido donde la identidad aparece como tensión, herida y presencia alterada.

La materia: huella, tiempo y sedimentación

Otro de los elementos esenciales en mi trabajo es la materia.

Me interesa la pintura cuando deja de parecer una superficie limpia y empieza a mostrar su historia. Capas, raspados, superposiciones, marcas, accidentes, restos. Todo eso me habla del tiempo de la obra y de la forma en que una imagen se construye mientras se deshace.

No entiendo la materia como adorno ni como efecto. La entiendo como memoria. Cada gesto deja una huella, y esa huella forma parte del sentido de la pieza. La obra no quiere ocultar su proceso; quiere dejarlo respirar.

Transformative Layers
Capas, texturas y restos que convierten la materia en una memoria visible.

El paisaje: otra manera de mirar

Junto al rostro aparece otro territorio que también atraviesa mi práctica: el paisaje.

No me interesa el paisaje como postal ni como escenario bonito. Me interesa como experiencia de observación. Como espacio donde la mirada se hace más lenta. Como lugar en el que la luz, el agua, la arquitectura o la ciudad modifican la percepción.

En esos trabajos hay otra respiración. Más abierta. Más silenciosa. Menos frontal que en los rostros, pero igual de intensa.

El paisaje me permite salir de la figura sin abandonar la pregunta. Me obliga a mirar la relación entre el espacio y la experiencia, entre lo que veo y la forma en que ese lugar me afecta.

Desde mi Azotea
Una mirada urbana y contemplativa donde el espacio se convierte en experiencia.

Figuración y abstracción: una tensión que no quiero resolver

Una de las cosas que más me interesa de mi obra es la tensión entre figuración y abstracción.

No la veo como un conflicto que haya que resolver. La veo como un lugar fértil. La figura aparece, pero no termina de fijarse. La abstracción entra, pero no borra del todo la referencia. Entre ambas hay una zona de transición que me interesa mucho más que cualquier definición cerrada.

Esa zona intermedia es donde la imagen se vuelve más abierta. Más viva. Más ambigua. Y también más cercana a cómo percibo realmente el mundo: nunca del todo claro, nunca del todo fijo.

Inner Reflections
Figura y abstracción conviven en una imagen que no busca cerrarse, sino mantenerse en tensión.

La imagen como umbral

Si tuviera que resumir mi trabajo en una idea, diría que me interesa la imagen como umbral.

No como respuesta definitiva. No como ilustración de una idea previa. Sino como un lugar de paso. Un espacio donde algo puede aparecer, alterarse o permanecer suspendido.

En ese sentido, cada obra forma parte de una investigación más amplia. No son piezas aisladas. Son capítulos de una misma búsqueda. Cada una explora una posibilidad distinta, pero todas dialogan entre sí: el rostro, el paisaje, la materia, el cuerpo, la percepción, el espacio.

Todo forma parte de una misma red.

Threshold of Reflection
La imagen entendida como umbral entre aparición, silencio y transformación.

Un proyecto que se va construyendo con el tiempo

Mi trabajo no nace de una sola imagen, sino de un conjunto de proyectos que se cruzan y se amplían unos a otros.

Las disecciones pictóricas, la excultura expandida, las imágenes del movimiento, la senda acuática, los estudios sobre la visión o las migraciones no son líneas independientes que compitan entre sí. Son distintas formas de entrar en una misma pregunta: cómo se construye una imagen, cómo se habita, cómo se transforma, cómo deja de ser solo representación para convertirse en experiencia.

Eso hace que mi obra no busque cerrarse. Prefiere abrir caminos.

Periferias de la Creación
Un cuaderno visual abierto, donde la obra se entiende como proceso y pensamiento en marcha.

Seguir mirando

Cada vez me resulta más claro que el arte no es solo resultado. Es tránsito. Es atención. Es una forma de estar en el mundo sin exigirle respuestas inmediatas.

Por eso me interesa tanto el proceso, el error, la duda, la deriva. Ahí aparece muchas veces lo que realmente sostiene una obra. No en la certeza, sino en la búsqueda.

Mi trabajo sigue creciendo desde esa convicción: que mirar con profundidad también es una forma de pensar, y que una imagen puede ser mucho más que lo que muestra en la primera mirada.


Una imagen final abierta, pensada para dejar al lector dentro de la pregunta.
reypiulestan@yahoo.es Únete al grupo de Whatssap y disfrutarás de Trucos y Secretos que yo mismo aplico en mis Creaciones! 👉bit.ly/2KwygAW

Los Mitos clásicos y Contemporáneos como materia viva del Arte.

Obra de Manuel Rey Piulestán
Arte · mito · identidad · territorio

Los mitos como materia viva del Arte

Laberintos, islas, máscaras, carnaval y ruinas en la obra de Manuel Rey Piulestán.

El Arte no nace solo de la técnica. Nace también de los mitos que nos atraviesan: relatos antiguos, símbolos colectivos, heridas del tiempo y espacios imaginarios donde la creatividad vuelve a estar viva.

Laberintocamino interior
Islaespacio paralelo
Carnavaljuego ritual
Máscaraidentidad mutable
Ruinamemoria del tiempo

En mi trabajo creativo, el mito no aparece como una historia antigua encerrada en los libros, sino como una energía que sigue actuando en la mirada, en la ciudad, en el cuerpo, en la memoria y en la forma de habitar el mundo.

Cada obra puede entenderse como una puerta: una entrada a un espacio simbólico donde lo visible se mezcla con lo invisible.

El Laberinto Gaditano
Obra relacionada con el Laberinto de Cádiz

El Laberinto: la ciudad como mapa mental

Uno de los mitos centrales de mi obra es el Laberinto.

En la serie Viaje al Laberinto de Cádiz, la ciudad se convierte en un territorio mental. Cádiz no aparece solo como paisaje urbano, sino como recorrido iniciático: calles estrechas, patios interiores, torres, azoteas, horizontes marinos y líneas que conducen al espectador por una arquitectura de la memoria.

La línea funciona como camino. El color, como estado emocional. Y el recorrido por la ciudad se transforma en una pregunta más profunda: ¿cómo salimos del laberinto de la mente?

“No se trata siempre de encontrar una salida rápida, sino de aprender a mirar mientras caminamos.”

El laberinto es una metáfora antigua, pero también muy contemporánea. Vivimos entre decisiones, bifurcaciones, estímulos, pérdidas y búsquedas. El Arte nos permite detenernos dentro de ese caos y convertir el extravío en conocimiento.

Isla Kártare Agencia de Arte

Isla Kártare: un espacio paralelo de intervención

Junto al Laberinto aparece otro mito propio: la Isla Kártare.

Isla Kártare es una isla imaginaria, un espacio paralelo de intervención artística. No es solo un lugar físico, aunque pueda manifestarse en talleres, exposiciones, cursos o acciones creativas.

Es también un territorio mental: una isla que aparece y desaparece según la disposición interior de quien crea. Está en todos los lugares y en ninguno. Está en la persona que decide activar su creatividad.

Por eso, Isla Kártare funciona como laboratorio, refugio y escenario. En ella conviven el artista, el alumno, el espectador y el viajero. Es una isla habitada por proyectos, símbolos, ejercicios de visión, obras, encuentros y procesos.

El Carnaval: juego, rito y transformación

Otro mito fundamental en mi obra es el Carnaval.

El Carnaval no es solo fiesta. Es inversión del orden, ruptura de la identidad cotidiana, aparición de otras voces. En Cádiz, el Carnaval tiene una fuerza cultural muy profunda: permite decir lo que normalmente se calla, exagerar lo real y disfrazar la verdad para hacerla más visible.

Desde el Arte, esta dimensión carnavalesca conecta con lo lúdico, lo teatral y lo ritualístico.

Máscaras en la obra de Manuel Rey Piulestán

La máscara: ocultar para revelar

La máscara ocupa aquí un lugar esencial.

Ponerse una máscara no significa únicamente ocultarse. A veces significa revelar otra parte de uno mismo. En mis obras, las máscaras hablan del cambio de identidad, de los personajes interiores, de las figuras visionarias y de las capas simbólicas que construyen nuestra presencia en el mundo.

La máscara puede ser juego, pero también rito. Puede ser ironía, transformación, protección o revelación.

“El Arte, como el Carnaval, permite cambiar de piel.”

En ese cambio aparece lo lúdico: el juego con la imagen, con el color, con la línea, con los símbolos. Pero el juego no es superficial. En la creación artística, jugar es una forma de conocimiento.

El niño juega para comprender el mundo; el artista también.

Ruina, huella y paso del tiempo

La ruina: belleza de lo gastado

También trabajo con mitos antiguos vinculados a lo viejo, la ruina, lo gastado y la huella del paso del tiempo.

La ruina no es únicamente decadencia. Es memoria visible. Una pared desgastada, una arquitectura erosionada, una superficie marcada por el tiempo, contienen una belleza distinta: la belleza de lo que ha vivido.

Lo gastado tiene una verdad que lo nuevo todavía no posee.

Las huellas del tiempo hablan de permanencia y desaparición. Nos recuerdan que toda forma está en proceso: nace, se transforma, se deteriora, se reconstruye o desaparece.

El Laberinto plantea el viaje interior.

La Isla Kártare abre un territorio paralelo para crear.

El Carnaval activa el juego, la crítica y la transformación.

La Máscara permite explorar identidades ocultas.

La Ruina conserva la memoria del tiempo.

Todos estos mitos funcionan como herramientas para mirar la realidad de otra manera.

El Arte contemporáneo no abandona los mitos antiguos: los actualiza. Los trae al presente para hablar de nuestras preguntas actuales: quiénes somos, qué recordamos, qué escondemos, qué celebramos, qué perdemos y qué caminos elegimos.

En mi trabajo, pintar, dibujar o intervenir un espacio no es solo producir imágenes. Es construir un mapa simbólico. Un mapa donde cada línea puede ser un camino, cada mancha una huella, cada máscara una identidad posible y cada isla un lugar donde volver a empezar.

Porque quizá el Arte sea precisamente eso: entrar en el laberinto, atravesar la máscara, escuchar la ruina y encontrar una isla interior donde la creatividad vuelve a estar viva.

Texto para Espiral Creatividad · Manuel Rey Piulestán

Contacto: reypiulestan@yahoo.es

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El Viaje de "La Gula" en Pintura, preludio a la Explosión Creativa.




Escuentros en el Archivo: El Viaje de "La Gula" desde la Serie de Pecados Capitales hasta el Premio Fernando Quiñones

Hay hallazgos en el estudio que te hacen detener el tiempo. Revisando carpetas y organizando trabajos antiguos, me he reencontrado cara a cara con "La gula", una obra que ocupa un lugar muy especial en mi memoria y en mi trayectoria.

Ver este lienzo de 120 x 120 cm de nuevo, enmarcado y con la perspectiva que da el paso de los años, me ha llevado de golpe al año 2001, cuando tuve la fortuna de recibir el Primer Premio de Pintura en la cuarta edición del Certamen "Fernando Quiñones", organizado por la Delegación de Juventud del Ayuntamiento de Cádiz. Sin embargo, la verdadera historia de este cuadro empezó unos años antes.


El origen: "Los Pecados Capitales" en el Dos Rombos (1996-1997)

"La gula" no fue una pieza aislada, sino parte de una serie completa dedicada a "Los Pecados Capitales" en la que trabajé intensamente entre 1996 y 1997. Fue un proyecto donde me sumergí en la exploration de las debilidades, los impulsos y las contradicciones de la naturaleza humana.

Los más veteranos del lugar quizás recordéis dónde vieron la luz estas obras por primera vez. Fue precisamente en 1997, en una exposición que monté en el mítico pub "Dos Rombos" de Cádiz. Aquellos espacios alternativos eran vitales para los creadores de la época; lugares de encuentro donde el arte salía de las galerías convencionales para dialogar directamente con la gente de la calle, entre música y conversaciones nocturnas.

Pecado 1 Pecado 2
Pecado 3


La cocina de la obra: Collage y óleo en gran formato

Al redescubrir el cuadro hoy, me reencuentro con el complejo proceso técnico que experimenté en el taller para dar forma a este concepto. No es solo pintura. La mesa infinita es un collage meticuloso compuesto por imágenes de pasteles, tartas y dulces recortados de revistas de la época. Una vez pegados sobre el formato de 120 x 120 cm, intervine la composición pintando por partes con óleo, buscando fusionar la realidad impresa con la textura de la pintura.

Esta experimentación con el lenguaje del "corta y pega" fue el hilo conductor de toda la serie. En los otros Pecados Capitales también incluí papeles y fotocopias pegadas, que luego iba pintando e integrando cromáticamente para adaptarlas por completo a la narrativa de cada escena.

Presidiendo este empacho visual en "La gula", incluí de forma ilustrada a ese personaje grotesco y fantasmal que veis al fondo, al límite de sus fuerzas y a punto de explotar por tanto comer. Una metáfora directa, con un punto de humor negro, sobre la pérdida de control y la voracidad contemporánea.

Un reconocimiento al trabajo constante

Unos años después de aquella exposición en el Pub Dos Rombos, decidí presentar la obra al Certamen Fernando Quiñones. Recibir el máximo galardón en mi propia tierra, y bajo el nombre de una figura tan entrañable para la cultura gaditana como Quiñones, supuso un respaldo incalculable y una inyección de energía para seguir pintando.

Hoy comparto este recuerdo no por nostalgia, sino como un homenaje al oficio, a la experimentación de aquellos años y a las etapas que nos van formando como creadores. A todos los que os tomasteis algo rodeados de mis "Pecados Capitales" en el 97, y a los que os habéis sumado recientemente a este viaje: gracias por seguir al otro lado del lienzo.




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